Análisis de contenido

El análisis de contenido, se ha conocido desde tiempo atrás como un método, procedimiento o conjunto de técnicas aplicables a mensajes escritos u orales. Su finalidad: conocer las entrelíneas de cada mensaje, o determinar la manera como son llevados estos mensajes a los diferentes públicos.

Pero más allá de sus diferentes visiones teóricas, esta práctica de análisis de mensajes se ha convertido en una herramienta de suma importancia en los últimos tiempos. Conocido como una estrategia de comunicación que ha hecho historia, el análisis de contenido comenzó a dar sus primeros pasos a finales del siglo XVII.

Los primeros estudios…

“Las indagaciones empíricas sobre el contenido de los estudios teológicos (…) cuando la Iglesia estaba inquieta por la difusión de temas de índole no religioso a través de los periódicos” (Krippendorff, 1990. P.14), marcan el inicio de los primeros estudios de análisis de contenido formulados para finales del siglo XVII.

Pero más allá de estas investigaciones empíricas, autores hoy reconocidos como precursores de esta modalidad de análisis, lograron marcar un antes y un después en el análisis de contenido. Un buen ejemplo de ello, viene dado por el estudio basado en “la interpretación de textos sagrados y misteriosos (…) algo similar a (…) un análisis cuantitativo de material impreso (…) que (…) tuvo lugar en Suecia en el año 1640”, (Andréu Abela, 1998).

Según relata la historia contada por expertos en el área como Andréu Abela, Klaus Krippendorff, Luís Porta, entre otros, la interpretación de estos textos sagrados figuran como el primer indicio de análisis, en el cual estos mismos autores describen un episodio enmarcado en 90 himnos, llamados Los Cantos de Sion, los que a su vez fueron tildados de ir en contra de la moral del Clero Sueco, para el momento del estudio.

Siguiendo esta línea de moralidad, el análisis practicado a estos himnos consistió en determinar que tan favorables o desfavorables eran los temas religiosos de esta colección de cantos. En este sentido, los resultados obtenidos fueron comparados, y al no conseguirse diferencias significativas entre los códigos computados, se fortaleció el debate metodológico en este tipo de estudio.

Bajo esta orientación relativamente empírica, en el año 1892, el francés B. Berelson, realizó un trabajo titulado “La expresión de las emociones y de las tendencias del lenguaje”. Éste consistió en una investigación sobre El Éxodo de la Biblia, fundamentando en la clasificación de las palabras que incluían el texto, a través de una preparación rigurosa del material analizado, (Andréu Abela, 1998).

Así, fueron dándose estudios más o menos prácticos, pero todos enrumbados hacia el análisis de textos. Este hecho condujo a que esta técnica, se fuera perfeccionando según nuevos aportes y criterios metodológicos, que hicieron de cada uno, acontecimientos de relevancia para sustentar las bases de los que se aplican actualmente.

En hilo continuo de la historia, y con un estudio poco más complejo que los anteriores, Loebel en el año 1903, publicó una propuesta que llamó Estructura interna o de contenido de las funciones sociales de los periódicos”, que no tuvo mucho auge en su época, ni tampoco consiguió estimular otras investigaciones, pero que sirvió como base para los estudios actuales, (Andréu Abela, 1998).

Posteriormente, entre los años 1910 y 1918, teóricos y eruditos como Loebel, Laswell, Markov, Max Weber, Thomas y Znaniecki, entre otros, emprendieron diversos trabajos relacionados con el contenido de los mensajes, (Krippendor, 1990 y Andréu Abela, 1998). Aunque algunos de estos personajes de la comunicación tuvieron más suerte que otros en sus resultados y aplicaciones, pero todos giraron sus investigaciones en torno a este método de trabajo, por lo que se convirtieron en estudios referenciales para los análisis de teóricos más novedosos.

Bajo esta perspectiva de empirismo avasallante, otros autores se posaron en la palestra pública: Mathews y Speed, fueron dos de los más reconocidos. Pero de todos estos, es Harold Laswell, “quizás uno de los primeros nombres que aporta algo más a las mediciones de prensa (…) apareciendo en 1927 su obra más significativa: ‘Propaganda Tecnique in the World War’, que impulsará numerosos estudios sobre este tema a partir de los años cuarenta”, (Andréu Abela, 1998).

Otro aporte importante, lo cita Quilaqueo (2002), quien comenta que el análisis de contenido “se desarrolla a principios del Siglo XX para mejorar la producción de los periódicos en Estados Unidos”.

Desde este punto de vista, Krippendorff (1990), afirma que durante esa misma época, hubo un resalte de las escuelas de periodismo americanas. Esta gran demanda, hizo que estas escuelas en su afán de unificar criterios, plantearan el cumplimiento de “ciertas normas éticas y de que se efectuaran investigaciones empíricas acerca del fenómeno del periódico moderno”, p.16.

Como resultado de este furor académico, y “partiendo de una noción simple de (…) objetividad científica, se llegó a una (…) ‘tiranía’ del conteo y la medición” de los diarios, (Quilaqueo, 2002), para posteriormente lograr un consenso entre las diferentes escuelas, esta unificación de criterios, planteadas por Krippendorff (1990), se conocen dentro de su obra: Metodología del Análisis de Contenido. Teoría y Práctica, como “Análisis cuantitativo de periódicos”, p.16.

Tomando en cuenta esta situación, el análisis de contenido, según plantea Quilaqueo (2002), experimenta una segunda etapa, la cual se caracteriza por:

(a) Uso de herramientas estadísticas

(b) Desarrollo de nuevos conceptos apropiados para la recolección de datos: actitudes, estereotipos, valores, instrumentos de propaganda.

(c)Cristalización de procedimientos de investigación en los primeros textos metodológicos, los cuales, estuvieron consagrados únicamente al análisis de contenido.

Este avance metodológico en este procedimiento analítico, hacen que este adquiera mayor fuerza no sólo en el campo de la comunicación, sino que logra expandir su rango de acción en áreas como la sociología, la historia, la educación y la psicología. Este hecho, hace que se empiece ha “aceptar la idea de combinar el significado del material analizado con el análisis estadístico”, (Quilaqueo, 2002).

A la luz de este planteamiento, el análisis de contenido empieza a conocerse como una técnica más formal, por lo que para los años 40 y 50 su uso ya estaba fundamentado en reglas propuestas Berelson y Lazarfeld, los cuales sugirieron “trabajar con muestras reunidas en forma sistemática (…) interrogarse sobre la validez del procedimiento y (…) resultados, (…) verificar la fidelidad de los codificadores, e incluso (…) medir la productividad del análisis”, (Andréu Abela, 1998).

 

Referencias:

Krippendorff, K. (1990). Metodología de análisis de contenido. Teoría y práctica. Barcelona. Editorial Paidós.

Andréu Abela, J. (1998).  Las técnicas del análisis de contenido: una revisión actualizada.  [Documento en línea]. Disponible en: http://public.centrodeestudiosandaluces.es/pdfs/s200103.pdf  [Consulta: 2006, marzo 28].

Quilaqueo R., D. (2002). Análisis de contenido, contenido, categorización e inferencia.  Documento de Trabajo No. 5. [Documento en línea].  Disponible en:  http://72.14.203.104/search?q=cache:HLmGULb3mg0J:www.uct.cl/proyecto_ffid/docs/didactica_conocimiento_mapuche.doc+Daniel+quilaqueo+an%C3%A1lisis+de+contenido&hl=es&gl=ve&ct=clnk&cd=4 [Consulta: 2006, febrero 24]

 

 

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