Espacio Virtual

Entradas de Febrero 2008

Comunicación oral

Febrero 5, 2008 · Dejar un comentario

Cualquier forma de comunicación existente, implica un proceso de transmisión e intercambio de ideas, simple o complejo, la comunicación es un acto inherente y común para cualquier persona. Vivimos en un mundo globalizado, cada día es más importante conocer lo que ocurre a nuestro alrededor, y para ello es necesario “comunicarnos”, entendernos y mantener contacto con nuestros semejantes.

Cada técnica empleada con el fin de intercambiar ideas tiene un campo de aplicación muy variado: entre los que figuran el personal, social, profesional, político, científico… en fin, sea cual sea el momento, el lugar o la circunstancia, comunicarse es un proceso inevitable del ser humano.

A la luz de este planteamiento, vale destacar que entre las formas de expresión más conocidas figuran la oral y escrita. Ahora bien, es la Oratoria - también conocida como expresión oral- la que ocupará los próximos párrafos de este texto.

En palabras más o menos complejas, es mucho lo que se ha dicho y escrito de la comunicación oral, pero son pocos los autores los que realmente han dado con una definición clara de lo que significa “Oratoria”. Según Alexánder Albán (2007), la oratoria no es más que un “conjunto de principios y técnicas que permiten expresarnos, principalmente de manera oral, con claridad, facilidad y sin temores, ante un público numeroso y variado, con la intención de transmitir un determinado mensaje”.

¿Principios y técnicas para transmitir mensajes? Muy rigurosa la postura de este autor, porque eso de que diga que para hacer efectivo el acto natural de comunicarse hay que conocer y dominar ciertas técnicas, nos pone a pensar un poco más de lo usual en el tema, incluso, podría decirse que a juicio de este autor, la expresión oral es efectiva si realmente se dominan ciertas habilidades comunicacionales. ¿Y qué hay de los aborígenes, de las personas con menos cultura, por citar algunos?, ¿Cómo se comunicaban ellos entonces?… yo diría que más que principios y técnicas, es simplemente el conocimiento y experiencia de códigos comunes para las partes involucradas.

Por su parte, Héctor Maldonado Williman (1998), afirma que “la comunicación oral es una forma de relación entre individuos que consiste en la transmisión de mensajes a través de la palabra hablada”.

La Real Academia Española, la define como el “arte de hablar con elocuencia, de deleitar, persuadir y conmover por medio de la palabra”. Si se conjugan las tres definiciones, se puede decir entonces que los principios y técnicas que menciona Alexánder Albán tienen que ver de manera irremediable con la persuasión y la seducción a través del habla.

Ya lo decía Aristóteles tiempo atrás: el acto de comunicarse implica hacer que el orador intente persuadir a los demás a tener su mismo punto de vista. Pero con el perdón de Aristóteles, la palabra “persuadir” implica obligar con razones, es decir, inducir a otras personas a que haga, digan e incluso, piensen lo que nosotros queremos… no es muy agradable eso, pero a decir verdad sigue muy vigente la postura aristotélica entre muchas personas en la actualidad.

En el marco del respeto a la libertad de pensamiento, expresión y hasta comportamiento, yo prefiero el término “seducción”, claro, con el permiso de Álex Grijelmo, autor del texto La seducción de las palabras, quien de me cautivó con su obra y me confirmó una vez más que las palabras tienen un poder incalculable. . ¿Por qué seducción y no persuasión? Primero porque a simple vista y a la empatía auditiva resulta más agradable seducir que persuadir, segundo porque seducir invita a la emoción, al deleite y no a la resistencia o desconfianza como lo hace la persuasión, muy a pesar de que muchos las usen como sinónimos.

Aclarado el punto, puedo decir entonces que ninguna de las dos posturas (seducir o persuadir) es tan fácil como aparenta. Según Álex Grijelmo (2002), “Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. (…) Las palabras tienen un poder de persuasión y un poder de disuasión. (…) Sin embargo, siempre habrá en quien intente seducir con las palabras un atisbo de conciencia cuando las emplee para la seducción. Las habrá descubierto intuitivamente, siendo hablado por el idioma, pero las pronunciará con plena responsabilidad. Con la intención de manipular a los incautos”.

Pero cautivar con palabras, no es tarea sencilla. De hecho, aún persisten en los autores la palabra “persuadir” y no “cautivar o seducir”. ¿Por qué?, quizá la respuesta sea que el término seducción se relaciona mucho más con el plano amoroso, y “persuasión” con el razonamiento lógico. Pero sea como sea y con el perdón de los eruditos del lenguaje y de la comunicación, me permito decir que la comunicación es transmitir e intercambiar ideas, y no “convencer” con ellas. Claro, que no puedo negar que “convencer” es parte de la comunicación, pero no es su sinónimo, es simplemente un propósito o una consecuencia de quienes ejercen la comunicación.

En este sentido, Héctor Maldonado Williman (1998) sugiere que “para persuadir se necesita hacer un esfuerzo mayor (…) porque no basta que el público escuche el mensaje que se le envía, sino que tiene que realizar una acción que se deriva de dicho mensaje”, de igual manera ocurre con el arte de seducir, para ambos casos es necesario un dominio y conocimiento profundo de nuestro idioma.

Razón tiene Álex Grijelmo (2002), al decir que “la seducción que guardan las palabras parte de ciertas claves (…) de un intelecto” pero no de un intelecto racional, sino de la naturaleza propia de la palabra, es decir, de un dominio de la expresión emotiva, de los afectos y sensaciones que se puedan despertar en el público, más no así en razones. Grijelmo también plantea que “la seducción parte de (…) los mensajes entre líneas más que de los enunciados que se aprecian a simple vista”.

Seducir, cautivar, encantar o persuadir, no es tarea fácil. Para lograrlo es necesario un cúmulo de conocimientos previos, es necesaria la práctica y dominio de aspectos tales como:

· Responsabilidad en lo que se dice

· Claridad en la expresión: buena dicción, tono adecuado

· Uso de palabras comunes al emisor y al receptor

· Dominio del tema

· Emotividad de las palabras

· Contexto sociocultural en el que se desarrolla la comunicación

 

 

 

 

Los puntos anteriormente citados, obligan a dar razón a Alexánder Albán, al decir que la oratoria requiere el dominio de técnicas expresivas, que nos faciliten el arduo camino de la comprensión con todos los que nos rodean. Pero este dominio siempre ha de estar ligado a la naturaleza de las palabras, al contexto o circunstancia en que nos desenvolvamos y por supuesto, al propósito de la comunicación.

Pero más allá de esta postura, vale destacar que en la expresión oral también es importante tomar en cuenta las clasificaciones más comunes que diversos autores han realizado en el contexto de la comunicación oral:

Según el tema y el ámbito profesional que involucra exposiciones especializadas:

1. Oratoria social. Su ámbito de acción es el ser humano. Incluye temas referidos a hogar, comunidad, academia, situaciones laborales o institucionales.

2. Oratoria pedagógica. Transmite conocimientos y cultura general, a través de la enseñanza, la información y/o la transmisión de conocimientos.
3. Oratoria forense. También conocida como oratoria judicial. Su campo de acción es el ejercicio de la ciencia jurídica para transmitir con claridad y precisión planteamientos de jueces, fiscales y abogados.
4. Oratoria política. Abarca temas relacionados con gobiernos y la actividad pública. Tiene mayor uso en épocas electorales.
5. Oratoria religiosa. Conocida como “homilía” u oratoria “sacra”, tiene como finalidad elaborar y pronunciar sermones a partir de la palabra de Dios o de temas religiosos.

6. Oratoria militar. Su objetivo es divulgar la defensa, el amor y el respeto a la patria. Según plantea Alexánder Albán (2007), en la oratoria castrense “la mayoría de los discursos (…) son leídos, y casi nunca son espontáneos”.

7. Oratoria artística. Se relaciona con la belleza de la voz, para producir resultados agradables a los oyentes. Es muy usada por cantantes, artistas, poetas o cualquier persona involucrada con las artes escénicas.

8. Oratoria empresarial. Utilizada por personas involucradas con negocios o empresas: gerentes, vendedores y relacionistas públicos.
Según la actitud de comunicación del orador:
1. Individual. Es cuando el orador hace uso de la palabra para dirigirse a un grupo de personas que lo escucha sin intervenir (conferencias, discursos conmemorativos, inaugurales, de presentación, de bienvenida, de ofrecimiento, radial o televisivo).
2. De grupo. Tiene lugar entre dos o más personas, en la que todas las partes involucradas tienen igual oportunidad de participación (conversaciones, entrevistas, asambleas, simposios, debates y foros).

Referencias

Alexánder Albán. (2007). Manual de oratoria, Edición electrónica gratuita. Texto completo en www.eumed.net/libros/2007b/

Álex Grijelmo (2002). La seducción de las palabras. México. Taurus.

Héctor Maldonado Williman (1998). Manual de comunicación oral. México. Pearson.

Categorías: Oratoria

Análisis de contenido

Febrero 4, 2008 · Dejar un comentario

El análisis de contenido, se ha conocido desde tiempo atrás como un método, procedimiento o conjunto de técnicas aplicables a mensajes escritos u orales. Su finalidad: conocer las entrelíneas de cada mensaje, o determinar la manera como son llevados estos mensajes a los diferentes públicos.

Pero más allá de sus diferentes visiones teóricas, esta práctica de análisis de mensajes se ha convertido en una herramienta de suma importancia en los últimos tiempos. Conocido como una estrategia de comunicación que ha hecho historia, el análisis de contenido comenzó a dar sus primeros pasos a finales del siglo XVII.

Los primeros estudios…

“Las indagaciones empíricas sobre el contenido de los estudios teológicos (…) cuando la Iglesia estaba inquieta por la difusión de temas de índole no religioso a través de los periódicos” (Krippendorff, 1990. P.14), marcan el inicio de los primeros estudios de análisis de contenido formulados para finales del siglo XVII.

Pero más allá de estas investigaciones empíricas, autores hoy reconocidos como precursores de esta modalidad de análisis, lograron marcar un antes y un después en el análisis de contenido. Un buen ejemplo de ello, viene dado por el estudio basado en “la interpretación de textos sagrados y misteriosos (…) algo similar a (…) un análisis cuantitativo de material impreso (…) que (…) tuvo lugar en Suecia en el año 1640”, (Andréu Abela, 1998).

Según relata la historia contada por expertos en el área como Andréu Abela, Klaus Krippendorff, Luís Porta, entre otros, la interpretación de estos textos sagrados figuran como el primer indicio de análisis, en el cual estos mismos autores describen un episodio enmarcado en 90 himnos, llamados Los Cantos de Sion, los que a su vez fueron tildados de ir en contra de la moral del Clero Sueco, para el momento del estudio.

Siguiendo esta línea de moralidad, el análisis practicado a estos himnos consistió en determinar que tan favorables o desfavorables eran los temas religiosos de esta colección de cantos. En este sentido, los resultados obtenidos fueron comparados, y al no conseguirse diferencias significativas entre los códigos computados, se fortaleció el debate metodológico en este tipo de estudio.

Bajo esta orientación relativamente empírica, en el año 1892, el francés B. Berelson, realizó un trabajo titulado “La expresión de las emociones y de las tendencias del lenguaje”. Éste consistió en una investigación sobre El Éxodo de la Biblia, fundamentando en la clasificación de las palabras que incluían el texto, a través de una preparación rigurosa del material analizado, (Andréu Abela, 1998).

Así, fueron dándose estudios más o menos prácticos, pero todos enrumbados hacia el análisis de textos. Este hecho condujo a que esta técnica, se fuera perfeccionando según nuevos aportes y criterios metodológicos, que hicieron de cada uno, acontecimientos de relevancia para sustentar las bases de los que se aplican actualmente.

En hilo continuo de la historia, y con un estudio poco más complejo que los anteriores, Loebel en el año 1903, publicó una propuesta que llamó Estructura interna o de contenido de las funciones sociales de los periódicos”, que no tuvo mucho auge en su época, ni tampoco consiguió estimular otras investigaciones, pero que sirvió como base para los estudios actuales, (Andréu Abela, 1998).

Posteriormente, entre los años 1910 y 1918, teóricos y eruditos como Loebel, Laswell, Markov, Max Weber, Thomas y Znaniecki, entre otros, emprendieron diversos trabajos relacionados con el contenido de los mensajes, (Krippendor, 1990 y Andréu Abela, 1998). Aunque algunos de estos personajes de la comunicación tuvieron más suerte que otros en sus resultados y aplicaciones, pero todos giraron sus investigaciones en torno a este método de trabajo, por lo que se convirtieron en estudios referenciales para los análisis de teóricos más novedosos.

Bajo esta perspectiva de empirismo avasallante, otros autores se posaron en la palestra pública: Mathews y Speed, fueron dos de los más reconocidos. Pero de todos estos, es Harold Laswell, “quizás uno de los primeros nombres que aporta algo más a las mediciones de prensa (…) apareciendo en 1927 su obra más significativa: ‘Propaganda Tecnique in the World War’, que impulsará numerosos estudios sobre este tema a partir de los años cuarenta”, (Andréu Abela, 1998).

Otro aporte importante, lo cita Quilaqueo (2002), quien comenta que el análisis de contenido “se desarrolla a principios del Siglo XX para mejorar la producción de los periódicos en Estados Unidos”.

Desde este punto de vista, Krippendorff (1990), afirma que durante esa misma época, hubo un resalte de las escuelas de periodismo americanas. Esta gran demanda, hizo que estas escuelas en su afán de unificar criterios, plantearan el cumplimiento de “ciertas normas éticas y de que se efectuaran investigaciones empíricas acerca del fenómeno del periódico moderno”, p.16.

Como resultado de este furor académico, y “partiendo de una noción simple de (…) objetividad científica, se llegó a una (…) ‘tiranía’ del conteo y la medición” de los diarios, (Quilaqueo, 2002), para posteriormente lograr un consenso entre las diferentes escuelas, esta unificación de criterios, planteadas por Krippendorff (1990), se conocen dentro de su obra: Metodología del Análisis de Contenido. Teoría y Práctica, como “Análisis cuantitativo de periódicos”, p.16.

Tomando en cuenta esta situación, el análisis de contenido, según plantea Quilaqueo (2002), experimenta una segunda etapa, la cual se caracteriza por:

(a) Uso de herramientas estadísticas

(b) Desarrollo de nuevos conceptos apropiados para la recolección de datos: actitudes, estereotipos, valores, instrumentos de propaganda.

(c)Cristalización de procedimientos de investigación en los primeros textos metodológicos, los cuales, estuvieron consagrados únicamente al análisis de contenido.

Este avance metodológico en este procedimiento analítico, hacen que este adquiera mayor fuerza no sólo en el campo de la comunicación, sino que logra expandir su rango de acción en áreas como la sociología, la historia, la educación y la psicología. Este hecho, hace que se empiece ha “aceptar la idea de combinar el significado del material analizado con el análisis estadístico”, (Quilaqueo, 2002).

A la luz de este planteamiento, el análisis de contenido empieza a conocerse como una técnica más formal, por lo que para los años 40 y 50 su uso ya estaba fundamentado en reglas propuestas Berelson y Lazarfeld, los cuales sugirieron “trabajar con muestras reunidas en forma sistemática (…) interrogarse sobre la validez del procedimiento y (…) resultados, (…) verificar la fidelidad de los codificadores, e incluso (…) medir la productividad del análisis”, (Andréu Abela, 1998).

 

Referencias:

Krippendorff, K. (1990). Metodología de análisis de contenido. Teoría y práctica. Barcelona. Editorial Paidós.

Andréu Abela, J. (1998).  Las técnicas del análisis de contenido: una revisión actualizada.  [Documento en línea]. Disponible en: http://public.centrodeestudiosandaluces.es/pdfs/s200103.pdf  [Consulta: 2006, marzo 28].

Quilaqueo R., D. (2002). Análisis de contenido, contenido, categorización e inferencia.  Documento de Trabajo No. 5. [Documento en línea].  Disponible en:  http://72.14.203.104/search?q=cache:HLmGULb3mg0J:www.uct.cl/proyecto_ffid/docs/didactica_conocimiento_mapuche.doc+Daniel+quilaqueo+an%C3%A1lisis+de+contenido&hl=es&gl=ve&ct=clnk&cd=4 [Consulta: 2006, febrero 24]

 

 

Categorías: Investigación en Comunicación